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Santa Marta, 13 de junio de 2007 Señor ÁLVARO URIBE VELEZ PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA Ciudad. Respetado señor Presidente, Sea lo primero darle la bienvenida a ésta, nuestra ciudad, por la que tanto hemos trabajado y por la que tanto hemos padecido. Hoy quisiera acercarme a usted, para que conozca un poco más a fondo el sufrimiento que durante los últimos años ha padecido la familia Vives Lacouture (mi familia). Generaciones atrás hemos venido contribuyendo al desarrollo de la región, y sin embargo, la injusticia y el crimen parece ensañarse en contra de los miembros de nuestra estirpe. En efecto, el absurdo asesinato de mi hijo Mauricio Ernesto, producto de una confusa operación militar, es sólo una más, de las muchas cuotas de sacrificio que hemos tenido que pagar.
A continuación, me permito hacerle una reseña histórica de los hechos que hemos tenido que padecer durante los últimos 14 años: El pasado el 18 de noviembre de 1993, fue asesinado a la edad de 48 años José Wilfrido Vives Bustamante (Sobrino de mi difunto esposo José Benito Vives Campo). Su crimen ocurrió en la vereda La Tal, en la vía que de Orihueca conduce a Sevilla, Zona Bananera del Magdalena, en momentos en que se dirigía a su finca ubicada en esa región del departamento y a donde estaba acostumbrado a frecuentar desde la edad de 15 años. José Wilfrido, fue asesinado por un grupo armado, en un aparente intento de secuestro. Con su muerte, dejó a su esposa viuda y a siete hijos huérfanos, quienes desde muy pequeños tuvieron que afrontar la vida sin el respaldo de su padre. Posteriormente, el día 14 de junio de 1997, fue asesinado a la edad de 41 años mi hijo mayor José Benito Vives Lacouture, cuando se encontraba trabajando en actividades agrícolas en una de sus propiedades ubicadas en las afueras de Santa Marta, a solo cinco minutos del centro de la ciudad. Las circunstancias que rodearon la muerte de mi hijo José Benito fueron similares a la de su primo José Wilfrido; luego de dos intentos de secuestro, y de haberse ausentado del país durante algunos años, regresó al seno de su familia, y al cabo de un tiempo fue sorprendido, por un grupo armado, cuando regresaba de su finca en el sector del Sena Agropecuario, a eso de las 10:30 de la mañana, plena luz del día. Mi hijo José Benito, dejó a su esposa viuda y a mis tres nietos huérfanos, que no hacen más que recordarlo permanentemente. Sólo unos meses después, mi hijo Luís Eduardo, sufrió un atentado del que milagrosamente salió con vida. La tercera cuota de sacrificio de la familia Vives, se presentó el día 3 de noviembre del año 2000, cuando fue secuestrado a la edad de 44 años mi sobrino Carlos Miguel Vives Lacouture (persona discapacitada). Carlos Miguel, fue interceptado por sus captores cuando asistía a una reunión con un grupo de discapacitados fono auditivos. Hasta la fecha y habiendo transcurrido ya seis años de ausencia, aun se desconoce su paradero. Por último, el caso más reciente, el cual es de su conocimiento, tiene que ver con el secuestro y posterior asesinato de Mauricio Ernesto Vives Lacouture. Mi hijo Mauricio fue secuestrado el día 8 de noviembre del año 2005, un día después de cumplir sus 40 años de edad. En esa fecha salió desde muy temprano a trabajar al departamento de La Guajira, en actividades agrícolas, en compañía del abogado William Martínez. A eso de las 10:30 de la mañana, fue secuestrado en el corregimiento de “Matita” por un grupo armado, que según el entonces comandante de la Policía de La Guajira se identificó como de las AUC. Mauricio fue secuestrado a plena luz del sol, a pocos metros de donde estaba ubicado un retén del Ejército. Desde ese momento la familia unida en cabeza de mi hijo, el senador Luís Eduardo Vives Lacouture, inició todas las gestiones necesarias para conseguir la liberación de Mauricio sano y salvo. Después de varias diligencias Luís Eduardo, con la autorización del Alto Comisionado Para la Paz, logró reunirse con el jefe de las autodefensas de la región “Jorge 40”, quien le comunicó que no eran ellos quienes tenían secuestrado a Mauricio. Meses más adelante, después de las investigaciones de las autoridades, se confirmó que el secuestro de mi hijo había sido realizado por el ELN. Unos días atrás del secuestro de Mauricio, el mismo grupo guerrillero se había comprometido a no realizar más secuestros. Al parecer, ésta habría sido la razón por la cual se identificaron como AUC.
Como si lo anterior fuera poco, en enero del año 2006, un mes después del secuestro de Mauricio Ernesto, el hoy ministro de defensa Juan Manuel Santos, en una declaración a todas luces apresurada y discordante, anunció la expulsión de mi hijo, el Senador Luís Eduardo Vives Lacouture, del partido de la U, al cual LUCHO nunca perteneció, condenándolo ante la opinión pública nacional. En desarrollo de las gestiones para lograr la liberación de Mauricio, iniciamos diligencias y conversaciones en diferentes cárceles del país, tratando de hacer conexiones con cabecillas de la guerrilla, para conseguir su liberación. Después de varias gestiones, mi hijo Luís Eduardo, con la autorización del Alto Comisionado para la Paz, se reunió con los señores del ELN, Antonio García y Francisco Galán, con quienes se adelantaron conversaciones tendientes a la liberación de Mauricio. Siempre insistimos ante las autoridades policivas y militares, nuestro deseo de lograr el regreso de Mauricio sano y salvo, oponiéndonos rotundamente a cualquier tipo de acción militar que pusiera en riesgo su vida. El 22 de mayo, cuando se suponía que todo estaba listo para la liberación de Mauricio sano y salvo, sucedió lo que ningún miembro de la familia esperaba; Tropas del Ejército en desarrollo de una confusa acción militar, adelantada en jurisdicción del departamento del Magdalena (aunque en el informe refieren que en La Guajira) se enfrentaron al grupo guerrillero que tenía cautivo a Mauricio. En desarrollo de la acción militar, Mauricio falleció en circunstancias que aún no son muy claras. Señor Presidente, en lo que podría catalogarse como un error garrafal, las tropas del Ejército, informaron el enfrentamiento, reportando la muerte de Mauricio como un guerrillero sin identificación (N.N.), al que habían dado de baja en dicho combate. El cadáver de Mauricio fue identificado sólo una semana después, cuando el grupo guerrillero se comunicó con nosotros y nos informó de su muerte en dichos acontecimientos. Hasta la fecha de hoy, TODOS los crímenes que han afectado a la familia VIVES, han estado rodeados de misterio e impunidad. Paradójicamente, hoy mi hijo Luís Eduardo, se encuentra privado de su libertad en la Penitenciaría La Picota, por haberse reunido con “Jorge 40”, dentro de las gestiones adelantadas para lograr la liberación sano y salvo de su hermano Mauricio; secuestro que, por cierto, muchos pusieron en duda cuando Luís Eduardo explicó que él se había reunido con “Jorge 40” para lograr su liberación y no para celebrar un “concierto para delinquir” como afirma la Corte Suprema de Justicia. Debo mencionar además, que su detención, (la cual sólo se funda en ese encuentro con “Jorge 40”), afectó gravemente las diligencias que la familia adelantaba para lograr la liberación de Mauricio, pues no había entre mis hijos ninguno que tuviera los contactos que tenía Luís Eduardo para lograr adelantar las diligencias tendientes a su liberación. Todo esto, dificultó gravemente las negociaciones con el grupo subversivo, pues sobre ellas pesaba mucho la estigmatización de la “parapolítica”. Señor Presidente, ninguna persona del Gobierno se hizo, ni se ha hecho presente, para dar una explicación sobre lo sucedido con mi hijo Mauricio. Ninguna persona del Gobierno nos ha explicado porqué se realizaron operaciones militares en esta zona cuando corría riesgo la vida de Mauricio. Ninguna persona del Gobierno se ha comunicado con nosotros para decirnos por qué se abrió fuego contra una persona que se encontraba vestida de civil, desarmado, y en un cambuche que le imposibilitaba moverse. Ninguna persona del Gobierno ha querido sentarse con nuestra familia para decirnos por qué el Ejército identificó como un guerrillero N.N. dado de baja, a una persona vestida de civil que portaba su argolla de matrimonio con la inscripción del nombre de su esposa, una cadena de oro con la medalla de la Milagrosa, y mas aún, cuando se sabía que el ÚNICO secuestrado de la zona era Mauricio Ernesto, el único. De hecho, absolutamente ninguna persona del Gobierno fue capaz de desplazarse a la ciudad de Santa Marta para acompañarnos en nuestro dolor el día de las exequias de Mauricio. Señor Presidente, yo se y estoy segura, que usted mas que nadie puede entender el profundo dolor que dejan todos estos actos de violencia en una familia, fundamentada bajo los principios éticos y morales de una sociedad, y que siempre ha caminado en el sendero de la ley de Dios. La pérdida de mis dos hijos, mis dos nueras viudas y mis seis nietos huérfanos, de los cuales uno (Sebastián), ni siquiera tuvo el derecho de conocer a su padre, es una realidad que ya estamos afrontando, con la ayuda del Todopoderoso, único sostén de mi familia. Nuestro único deseo, y el principal objeto de esta carta, es que se aclare lo sucedido, para que otras familias no tengan que padecer lo que hemos vivido nosotros, y que no se agrave aún más nuestro sufrimiento con la estigmatización injusta de un inocente como es mi hijo Luís Eduardo. La familia Vives Lacouture continúa depositando en usted la confianza para conseguir una Colombia justa y en paz, donde puedan vivir nuestras futuras generaciones. En espera de su pronta respuesta, ROSITA LACOUTURE DE VIVES |